Inicio, desarrollo y cierre pueden ayudar a ordenar una planeación, siempre que se entiendan como momentos flexibles y no como una receta invariable.
Inicio: provocar curiosidad
Prepara el ambiente y ofrece una invitación: una pregunta, un objeto inesperado, una canción o una situación del entorno. El inicio también permite escuchar lo que el grupo ya sabe o imagina.
Desarrollo: explorar y tomar decisiones
En este momento las niñas y los niños manipulan, conversan, crean, juegan y transforman la propuesta. El adulto acompaña, observa, hace preguntas abiertas y ajusta materiales cuando es necesario.
Cierre: recoger lo vivido
El cierre no tiene que ser una evaluación. Puede consistir en observar las creaciones, narrar lo ocurrido, ordenar colectivamente o dejar una pregunta para continuar otro día.
Una experiencia valiosa puede durar más de una jornada. Si el interés continúa, la planeación debe permitir retomarla y enriquecerla.
Este contenido es una orientación independiente y adaptable. Cada experiencia debe ajustarse a las características del grupo, las familias, el territorio y las orientaciones vigentes de la modalidad.